El curso escolar 2007 2008 se está apagando. Quedan ya pocos días para que todos nos despidamos. Hasta el 20 de junio aun nos veremos las caras. Los maestros aún nos quedaremos unos días más haciendo papeleos, expedientes y demás, pero a los niños no los veremos hasta Septiembre. ¿pena? Bueno, según se mire.
Los dos primeros meses fueron para mi completamente cuesta arriba, aprendiendo a marchas forzadas a llevar una clase. Y no una clase cualquiera, sino una clase con un grupo de niños absolutamente heterogéneos y con mil y un niveles de aprendizaje. No sólo eso, también sorteando problemas de idioma y de comportamiento que, aún hoy, siguen trayendo cola.
Noviembre se presentó algo mejor, el curso ya había entrado bien entrado y poco a poco mis alumnos y yo fuimos amoldándonos los unos a los otros. Dicen que el roce hace el cariño. Y es cierto. Hemos tenido problemas de amores, jeje, problemas de racismo y de “masculinidades”, problemas xenófobos… y creo que los 18, ellos y yo, hemos sabido hacerles frente.
Después de tres largos y eternos meses apareció ante nuestras narices Diciembre, el mes de la Navidad. Un buen momento para respirar y tomar carrerilla para continuar con fuerzas durante el 2008, que por cierto, entro un tano torcido. Los críos estaban demasiado cómodos y relajados y dejaron que Morfeo hiciera su trabajo. Por ese motivo, su señora tutora (yo misma) se las vió y se las deseó para que les apeteciera coger los deberes y los libros. Claro, los resultados de ese trimestre no se hicieron esperar y cayeron casi todos fulminados.
Después de muchas vacaciones ya nos conocíamos todos. Tanto que algunos de ellos (casi todos, en realidad) se equivocaban y me llamaban Mama, mamá, mami… y a sus progenitoras reales, maestra! Muchas risas.
Cuando nos dimos cuenta de que en el tercer trimestre no tendríamos a penas descansos, nos echamos a la cabeza, pero mis críos se levantaron, decidieron hacer un último esfuerzo y, como si hubieran estado hibernando y recargando energías, se pusieron las pilas y se vieron a sí mismos más capaces que nunca, más triunfadores que nunca y más trabajadores que nunca. ¿Consecuencia? Muchas sonrisas de satisfacción por su parte y por la mía. Muchas alabanzas que hacen que los críos, ya mucho mayores de lo que eran en Septiembre, se hincharan como gallinas.
Y ahora estamos acabando el curso. Han aprendido mucho, espero y deseo, pero yo, yo sí he aprendido. He aprendido a sortear las adversidades y hacer frente a las dificultades. He aprendido a preocuparme por lo verdaderamente preocupante y he aprendido que no todo es tan bonito como en las películas. He aprendido que yo, desde el aula, puedo hacer mucho por mis críos. Que necesitan cariño y que yo tengo mucho para darles. He aprendido de lo que soy capaz. He aprendido de los errores y los tengo apuntados para corregirlos el próximo año. Mientras tanto a disfrutar de un descanso merecido.
(aqui faltan algunos crios. Los que están en la foto son los que suelen venir todos los días)